TEXTOS Y PRENSA



Este dibujo ilustró el texto "Notícias de um brasileiro em Berlim" de Leonardo Pascuti.
Publicado en la Revista Alba No 6
Literatura Latinoamericana , Berlín Alemania
2014
















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SELECCIONADO

 VI Premio Arte Joven Colsanitas-Embajada de España.


DÓNDE:
Galería Nueveochenta / Calle 70 # 9 – 80
CUÁNDO:
6 de noviembre a las 7:30 p.m.

La exposición estará colgada hasta el
9 de noviembre en la Galería Nueveochenta



 

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Sobre “Music is the Weapon”
Por: Eliécer Salazar

Autor: Eliécer Salazar Pertuz
Titulo: “Music is the Weapon”
Técnica: Lápices de colores sobre papel
Dimensiones: Políptico compuesto por  4 dibujos de 21x29 cm C/U
2013



“The music is the weapon of the future”
Fela Kuti




Music is the Weapon es una serie de dibujos realizados con lápices de colores sobre papel. Este trabajo ha sido concebido  en paralelo a la elaboración de  mi tesis en la maestría de artes electrónicas desarrollada en la ciudad de Buenos Aires, en ella trato de aproximarme al tema de la relación entre identidad y poder a través de la tecnología. En uno de esos días de invierno al escribir la tesis y con el fin de calentar mi habitación, al tiempo que leía un texto de Foucault escuchaba al músico nigeriano  Fela Kuti, para ser más exacto una selección musical proveniente de unos de los sistemas de sonidos más representativos de la costa Caribe Colombiana, un  picó[1] llamado “El Coreano, el tanque de guerra”.  De inmediato, vi en ese momento cotidiano y de alguna forma sincrético, algunas pistas que me llevaron a repensar el tema de la identidad y el poder en mi contexto más próximo.  


Picó “El Coreano Mayor”

Por un lado está la expresión cultural  proveniente del Caribe Colombiano representada por éstas enormes máquinas  de sonido  llamadas  picó, construidas para amplificar  o más bien para hacer tronar la música en las fiestas o verbenas de los barrios más populares y periféricos de ciudades como Barranquilla o Cartagena. La potencia y el sonido descomunal, la tecnología y su manipulación son todo un ritual contemplativo. Visualmente se asemejan a vallas o muros, sus parlantes o bocinas tradicionalmente son decorados y pintados con un color y lenguaje escandalosamente vibrante y llamativo, en el que  observamos pinturas de  retratos  de líderes políticos, guerreros, tanques y aviones  bélicos, naves espaciales, animales furiosos,  entre otros. En el imaginario pictórico popular, muchas de esas pinturas se transforman en otras máquinas de representación de poder. El picó, para imponer su poderío tecnológico y musical, se enfrenta simbólicamente con otros picós, leemos y escuchamos en ellos frases como: La potencia nuclear,  el luchador invencible de la salsa, el veterano indestructible, el salvaje del ritmo, el rey de la galaxia, el terror de los grandes, ect. En palabras del artista e investigador Dairo Barriosnuevo los nombres épicos y emblemas alegóricos de estos aparatos de sonido, nos dan a entender que estamos ante una muestra muy portentosa de la heráldica, pues, cada una de estas instalaciones picoteras representa escudos y blasones[2].


En  estas máquinas sonoras observo, como lo festivo, como símbolo  de lo identificatorio en el contexto popular y local, se entrecruzan y relacionan con el poder. Y es así, que a través de una serie de  silenciosos dibujos realizados con lápices de colores sobre papel, me apropié  de toda la estética usada en la decoración de éstos picós, cambiando los tradicionales personajes de la decoración por retratos de algunos filósofos pertenecientes a las distintas escuelas del pensamiento del siglo XX que más han influenciado al modo de ver y vivir en el mundo occidental, generando una paradoja visual entre los retratos de estos filósofos, que de alguna forma han desarrollado el tema del poder en el contexto intelectual y académico, y los picós. Con esto pretendo construir un punto de convergencia entre lo festivo y lo político, analizar esa relación, y con ello repensar el tema de la identidad y el poder en mi contexto más próximo.







[1] Picó: “Un picó es un sistema de sonido de grandísimas proporciones que se usa para animar fiestas
populares. Su nombre es tomado de la palabra “pickup” del inglés, haciendo referencia o bien a la aguja del tornamesa, o a la portabilidad de estos equipos que se desplazan por la ciudad para animar fiestas barriales (Paccini, 1993:87; Martínez, 2003:31): un picó es una “discoteca ambulante” que suena en diferentes partes de la ciudad cada fin de semana. Los picós son el análogo de los sound systems jamaiquinos, los sonideros mexicanos (Contreras, 2008) y los aparelhagens brasileros (Lemos y Castro, 2008), utilizados para animar las fiestas en sectores populares donde los asistentes comparten una afición por el alto volumen y la música de raíces afro.” Sanz Giraldo, María Alejandra Fiesta de picó: champeta, espacio y cuerpo en Cartagena, Colombia. Bogotá: Universidad del Rosario, 2012, p. 6.
[2] Véase: Fundación cultural afroamericana Fukanfra,  http://fukafra.blogspot.com.ar/
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 Exposición Vídeo acción.2013




 Exposición Video acción.2013

Eliécer Salazar, Fernando García. 














 Sobre Narciso Vampiro,
Por: Luis Carlos Rincón Alba*

Juegos, es lo mas acertado que puedo decir sobre la obra de Eliécer Salazar. Una constante yuxtaposición de juegos donde es imposible determinar dónde termina uno y donde comienza el siguiente. De aquí, parte el hecho de que las obras de Salazar sean un abierto desafío a los parámetros de seriedad y profundidad con que el arte colombiano ha pretendido adornarse. Los motivos de un niño acompañados de la técnica y profundidad filosóficas de un artista contemporáneo infunden, o mejor dicho, confunden, forma y contenido en una provocación constante. Esta provocación no es para nada la burda agresividad o la tediosa irreverencia con que algunos pretenden capturar al espectador y por el contrario se constituye en un sencillo gesto, casi infantil, que señala de manera inocente y descarnada lo que la cotidianidad ha tornado invisible. Los juegos que la obra de Salazar sugiere va desde la manipulación de la obra, hasta la compleja elucubración filosófica que invita al espectador a entrar en un forcejeo mental en el que la imagen es tan solo un motivo y en el caso especial de esta ultima serie, la imagen es un motivo cuestionado.

La representación  es uno de los tópicos que Salazar está  señalando en “Narciso Vampiro”. Un tema que ha sido casi vaciado por el exagerado tratamiento filosófico y sociológico se llena nuevamente de contenido y significado al ser planteado como un juego en el cual representación, representado y representante dejan de jugar un rol  especifico para sencillamente trastocar los presupuestos que el espectador lleva al ingresar en la sala de exposición.  Las redes sociales parecen ser en este caso las principales señaladas por el artista, pero antes de sostener tal afirmación es necesario observar con detenimiento el gesto señalador del artista pues seguramente la red social es solo la excusa para apuntar hacia temas tan profundos que solo la superficialidad puede mostrar.

La noción de juego, que es tan importante para la práctica científica y artística contemporánea, no se puede definir apelando a descripciones o “representaciones” ajenas a la acción misma de jugar. Por ello, el juego mismo clausura la representación o, como afirma Jacques Derrida, si no es imposible clausurarla, la acción de hacer evidentes los juegos de la representación, abre una grieta que es imposible cerrar.

Esta grieta creada por los obras de Salazar no puede ser ubicada y mucho menos especificada pues se infiltra y compenetra en la confusión que plantea de conceptos como Subjetividad, Representación, Alteridad y Simulacro. En lugar de crear una obra que sustente y justifique más palabras vacías, que intenten expresar las inconsistencias contemporáneas de dichos conceptos, “Narciso Vampiro” es un gesto que no se circunscribe a la acción de representar pictóricamente una idea. Más cercano a la teatralidad y a la acción performativa, con esta exposición, o para ser más exactos, con esta acción que “simula” ser una exposición pictórica, Salazar deja que sea la imagen, esa misma que para él es merecedora de innumerables sospechas, la que ocupe el primer plano. Esta, sin duda, podría ser considerada como una contradicción pero muy al contrario ésta contradicción puede revelar la intención misma de la obra: un cuestionamiento abierto a la imagen (usos, abusos y representaciones) como medio en la creación del yo y de la alteridad. La imagen es entonces una trampa, pero también uno de los principales elementos definitorios de la contemporaneidad.. Evadiendo este abusivo lugar común del discurso académico “Narciso Vampiro” es una ontología lúdica que como todo juego requiere del participante un mínimo de destrezas para poder penetrar las diferentes capas que lo componen. La imagen es el medio, es el objeto e incluso es el campo donde este juego se desarrolla, pero ante todo, la imagen es la trampa que requiere ser conjurada por el espectador pues las etapas ulteriores de esta acción que compone “Narciso Vampiro” descansan en la capacidad del espectador para entrever al artista trabajando fuera de la imagen y fuera de la sala de exposición.

Luis Carlos Rincón Alba
Tate University of New York at Stony Brook
Master Philosophy and Arts
NYC
2010


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REFLEXIONES ANTE LA OBRA DE ELIECER SALAZAR, EL VAMPIRO CIBERNETICO.
Por: Monica Gontovnik*, desde Athens, Ohio, Septiembre 25, 2010.

Los vampiros son seres mitológicos que aparecen en leyendas populares en casi todas las culturas, pero que entraron con fuerza en la imaginación occidental durante el siglo 19, mientras Europa trataba de colonizar el mundo.  No es ninguna coincidencia. Los vampiros te chupan la sangre, te roban el alma. En la era que vivimos, de colonización cibernética, hay que tener un alma de vampiro para sobrevivir. Eliécer Salazar es un chupasangre que no puede admitir su narcisismo y por lo tanto le roba a sus amigos esas fotos que el no se atreve a poner en facebook. Eliécer Salazar ni siquiera tiene su nombre en facebook, la red social de la que se nutre para su ultimo trabajo artístico. (Ah, pero yo no lo voy a revelar aquí, para que pueda seguir en su carrera nutritiva). Todos sabemos que si existen los vampiros. Todos conocemos alguno (de cualquier género) que nos ha chupado la energía en algún momento. Igualmente Narciso es ese muchacho del cual nos cuenta la mitología griega que murió ahogado en su propio reflejo, por no poder amar a nadie mas que a si mismo. Ni siquiera Echo lo pudo convencer de mirarla mas allá del charco del agua que le fascinaba. Incapaz de hablar ella, incapaz de amar él, ambos tienen la muerte asegurada. Para Eliécer todos somos unos narcisos en constante búsquedas falsas de amor. No podemos ver mas allá del espejo de las propias fotografías que con tanto placer publicamos demasiado fácilmente en redes sociales por la Internet. Por ello Eliécer es sordo a tanta Echo que busca su abrazo y nunca publica sus propias fotografías en su perfil, escondiéndose detrás de otros rostros famosos o tan solo chistosos. Ah, pero entonces entra su sangre descendiente de vampiros narcisos, a formular un proyecto artístico que le permitirá no solo seguir disfrazándose para poder atacar en la oscuridad, sino poner su punto sobre las “ies” en las fotos de sus amigos. Nos advierte con su ultima obra, una colección de quince cuadros trazados en lápiz prismacolor, que lo que creemos estar representando en ese mundo virtual, no es mas que una ilusión. Se burla bellamente de todos los incautos a los cuales les roba sus fotos y nos las devuelve transformadas para que comprendamos que como dice Barthes, la muerte es el eidos de una técnica como la fotográfica.[1] Pero la muerte no escapa a las fotografías que durarán para siempre en un limbo cibernético donde nuestras vidas, que creemos privadas, pasarán fácilmente a ser objeto de curiosidad de nuevos vampiros que aun podrán chupar nuestras esencias a pesar del futuro donde todavía no se encuentran. Mientras las fotografías colgadas en Facebook tratan de evitar el paso del tiempo y nos generan la ilusión de ser amados por todos nuestros amigos, los cuadros de Eliécer Salazar nos congelan en las representaciones que hemos hecho de nosotros mismos y nos funden ante el espejo fluido de Narciso para ayudarnos a borrar la certidumbre y escupirnos en la cara que no hemos escuchado a la Ninfa Echo y la hemos dejado morir de tristeza en una cueva desde donde solo se escucha una voz incorpórea.



*Monica Gontovnik,  PhD (ABD) · Performance Studies · Athens,  USA

[1] Roland Barthes' Camera Lucida—Reflections on Photography (New York: Hill and Wang, 1981)






1 comentario:

David dijo...

Es importantísimo el papel de la prensa y creo que cada vez cobra mayor importancia su labor. Muchas veces que viajo a otros países me gusta poder entender de que manera se relaciona la política con la prensa y por eso averiguo sobre ello. Recientemente he comprado Pasajes a Punta Cana para disfrutar de las playas y espero poder conocer la situación política del lugar